LA NACIÓN ENJAULADA. PARTE I

Nov 11, 2018Artículos

Los artículos que comienzan con tecnicismos académicos y disquisiciones filosóficas suelen sentar bien en el lector; supongo que ungen al autor de una serie de sapiencia a la cual provoca acceder. Del mismo modo, si se le suma al artículo un título rimbombante sobre un tema álgido ya parece tenerse asegurada la lectura de al menos los dos primeros párrafos del mismo. Quizás, esa es la técnica del articulista moderno para captar la atención del lector, pero definitivamente no es el objeto de las líneas que siguen.
El tema de este artículo puede sonar rimbombante, incluso a lugar común, pero le he nombrado así por creerlo el título adecuado, además que su enunciado —escrito a modo de conclusión— forma parte de mi angustia personal como venezolano. Por esta razón, y a fin de no cansar al lector será publicado como una unidad separada en tres entradas diferentes, de la cual esta será la primera parte.
Ahora bien, dada la ambigüedad del lenguaje social y político de la Venezuela actual, es necesario que haga una serie de aseveraciones a pesar de lo dicho al inicio sobre los tecnicismos, pues antes de entrar al meollo del asunto es preciso hacer determinadas afirmaciones a partir de las cuales hilaré mis ideas y por ello, le pido encarecidamente al lector que no se aparte del texto como es tan común en la modernidad, toda vez que con la lectura de estos tres párrafos —más el que sigue— tendrá las herramientas para apoyar mi posición o como es usual, alegar mi insanidad mental. Mi interés en la permanencia del lector en estas líneas —además del fin personal que tengo como autor de que alguien además de mi persona lea mis pensamientos plasmados en el texto texto—, es justificado dado que considero que la crítica a las ideas y al pensamiento hechos del modo más llano posible sin dejar de lado las certidumbres cognitivas, constituyen una inefable falta a este momento histórico de la venezolanidad, y para ello hacen falta al menos una serie de justificaciones de todo autor —lo cual hago en estos tres párrafos— y su exposición de una base cognitiva práctica —lo cual hago en el párrafo que viene—. Así, una vez hecho estos señalamientos como mezcla de indulgencia y tacto con el lector prosigo.
Nación, Estado y Gobierno nunca han sido, son o serán términos sinónimos, al menos no será así, en el lenguaje de cualquier persona que ejerza y respete la libertad de sus semejantes. Nación es este hálito ancestral que hace que determinados individuos se sientan conformantes de un grupo de individuos con interacción social, dado que comparten una fuerte carga cultural; por ello, la nación no la determina un concepto jurídico, sino más bien social, emocional o sociológico y por lo tanto, pueden existir naciones que obedezcan a más de un ordenamiento jurídico, sino pregúntenle a vascos o guajiros. El Estado por su parte es una creación de los últimos siglos que se encarga de implantar un orden coercitivo que se pretende eficaz y eficiente a fin de garantizar determinados derechos a los individuos sobre un territorio determinado; para ello se cuenta con un cuerpo normativo que puede estar o no escrito, llámese Constitución, Cartas, Códigos o Leyes. Por su parte, el Gobierno no es más que una parte del Estado, aquella que se dedica a cumplir la ley y a dictar bajo lo dispuesto constitucionalmente determinados actos de su naturaleza .
Ahora bien, la premisa objeto de este artículo y que en lo particular sostengo es que Venezuela es una nación enjaulada. Así, en efecto no solo me refiero al régimen político tiránico que azota a Venezuela en este año 2018, sino que describo las cadenas que a mi entender existen en lo más interno del venezolano actual, en su sentir, en su devenir histórico, en lo que realmente es como individuo conformante de una nación.
Pero ¿qué es ser venezolano?; ¿qué es la nación venezolana?; ¿cómo se es parte de la nación venezolana?
La propaganda vulgar y baja ha pretendido minimizar semejante tema a estar orgullosos de algunos monumentos naturales, a la belleza estética que tienen nuestras damas o a la mera afirmación de la premisa de que “¡somos el mejor país del mundo!” —sin dar obviamente ningún dato empírico para sustentar esta última—. Yo soy de los que piensa que lo anterior es banalidad, y la nación venezolana definitivamente es otra cosa.
Así una vez leído lo anterior, si sabemos que la conformación de una nación es producto de unas características culturales comunes que nos vienen heredadas de nuestros ancestros, entonces debemos ingresar dentro del grueso de la nación venezolana y revisar a todos nuestros ancestros. A TODOS.
Históricamente siempre se ha señalado que la nación venezolana es producto de la mezcla de las razas blanca, india y negra, es decir, de los conquistadores españoles, los indígenas que se encontraban habitando en estas tierras y los africanos que fueron traídos como esclavos, respectivamente. Siembre se ha hablado del indudable, ascendiente cultural que tiene en la actualidad nuestra nación respecto a los indígenas y es aceptado por todos. Del mismo modo, lejos de una primera etapa en nuestra historia republicana donde el concepto de la negritud era mal asociado, en la actualidad es bien visto y alegremente aceptado, cuando no impulsado. Sin embargo, la herencia española en nuestra nación cuando no es ignorada, es vilipendiada, escarnecida y olvidada. Pero lejos de todos los ambages de corrección política que puedan hacerse ¿cómo dejar de lado a aquellos ascendientes nuestros que no solo ganaron en el plano bélico a las otras dos culturas? sino que también nos dejaron instituciones que determinaron nuestra nación, como son el lenguaje, las instituciones y el credo religioso. Es más, el mero hecho de ser pertenecientes a la cultura occidental —porque lo somos—, nos viene dado por la herencia española, y más allá de toda la falsedad de las leyendas negras que se nos han inculcado en su contra y los desmanes y excesos que tuvieron realmente los ibéricos —los cuales tienen que ser analizados sin anacronismos en su justo contexto histórico—, es un hecho que la cultura venezolana y por lo tanto la nación viene determinada en buena parte por ellos.
Los que piensen que exagero o miento en el párrafo anterior, los invito a comparar a un venezolano común, con cualquier pemón o indígena africano de la actualidad, así como con un ciudadano andaluz promedio de estos tiempos, y me diga con quien compartimos más culturalmente.

César Pérez Guevara

Asesor | Conferencista | Abogado

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