19 de abril de 1810: Ni Bolívar ni Miranda, Roscio.

Abr 21, 2019Artículos, Papers

El 19 de abril de 1810 es una de las fechas más manipuladas, malversadas y maltratadas en Venezuela, situación curiosa, dado que a pesar de ser uno de los días patrios más mencionados y promovidos es quizás del cual más se ha fomentado la ignorancia de los sucesos que realmente acontecieron esa fecha. Y es que no podíamos esperar menos en el país en que el desparpajo ante las montoneras, el desorden y el caudillaje ha eclipsado totalmente la obra de los auténticos constructores de la nación, los civiles. Ante esta situación nacional, es perfectamente entendible como en pleno año 2019 seguimos hundiéndonos en el excremento del diablo, como diría ese civil del siglo pasado, pero actualmente sin sacar ningún rédito al respecto como pueblo.

A fin de conocer la verdadera historia del 19 de abril de 1810, debemos entender que a inicios del siglo XIX, todo el continente europeo se encontraba amenazado por la temible figura del megalómano Napoleón Bonaparte, quien se había coronado a sí mismo como amo del viejo continente. En 1808 éste obligó la abdicación de los reyes españoles en su nombre y colocó en el puesto de rey español a su hermano José Bonaparte —conocido por aquel entonces en España con el mote de “Pepe Botella” por su presunta afición a reiteradamente realizar libaciones al dios Baco—. De este modo, se rompió el hilo constitucional que unía a América con la monarquía española y por lo tanto esta parte del mundo se encontraba sin un gobierno legítimo que le mandara.

Ante esta situación, ese ilustre desconocido en la Venezuela actual, Juan Germán Roscio, que por aquel entonces era uno de los abogados más reputados en la comarca y tenía la fama de ser el defensor de injusticias y causas difíciles, conjuntamente con José Felix Sosa, el Canónigo Cortés de Madariaga y otros insignes patriotas ideó el plan de llamar el jueves santo 19 de abril de 1810 al agente napoleónico que hacía las funciones de Capitán General Vicente Emparan a una reunión en Cabildo por segunda vez, a fin de discutir la actitud que debía tomar esta provincia ante la perennidad de la actuación napoleónica, por esta razón Vicente Salias llamó a Cabildo a Emparan, quien se dirigía a los oficios religiosos aquella mañana de jueves santo. Al volver al Cabildo se encontró sorpresivamente con Juan Germán Roscio y José Félix Sosa, quienes habían sido nombrados diputados del pueblo, cargo inexistente en el momento pero que dada la conformación de la reunión en cabildo legitimó. Así, Roscio pasó a exponer junto con los prohombres allí presentes que con los sucesos de Bayona quedaba deslegitimado de iuris el influjo de la monarquía española en Venezuela —si entendemos que realmente ésta Capitanía General no era más que un país extraño que había sido unido al Imperio Español por el fenómeno de conquista—, dado que al ser obligados a abdicar Fernando VII, así como Carlos IV a nombre del usurpador francés Napoléon, y reposar poteriormente el poder en la persona de José Bonaparte, ninguna lealtad podía exigírsele a este país a esta nueva monarquía española, toda vez que era abiertamente ilegítima, según la Bula Inter Coetera del papa Alejandro VI, la cual había establecido el dominio de los territorios de América en manos de los reyes de Castilla y León y a sus herederos y sucesores, excluyendo precisamente cualquier dinastía posterior que los despojara de los mismos de cualquier manera ilegítima, incluyendo la fuerza.

Estos razonamientos  convencieron a los prohombres del Cabildo, menos a Emparan y a los suyos, cuya pusilanimidad conllevó a su destitución y posterior expulsión del territorio, quien no aceptó su deposición sin antes en un arrebato de soberbia preguntarle en pleno balcón a la población si querían seguir bajo su mando, la cual sabiamente advertida por el canónigo Cortés de Madariaga que se encontraba detrás de él en ese momento en el sitio, les hizo el famoso gesto negativo con el dedo, consolidando así el desprecio hacia la figura del cesado Capitán General.

De este modo, al extinguirse la figura de Emparan el razonamiento constitucional de Roscio continúa y señala que al existir esta ilegítima nueva dinastía gala, ya esta provincia como país conquistado y supeditado al rey español carecía de monarca legítimo al cual obedecer, de ahí que debía darse su propio gobierno. Así, gracias a ésta ilustrada labor intelectual del ilustre prócer de Tiznados se constituyó el 19 de abril de 1810 la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, la cual nominalmente decía proteger los derechos del legítimo monarca depuesto, pero que en su seno ya albergaba las ideas de una nación maravillosa que terminaría naciendo con el nombre de Venezuela en 1811, una vez más gracias a la pluma de Juan Germán Roscio, redactor del reglamento para la elección de los diputados de 1811, del acta de independencia del 5 de julio de ese mismo año y redactor fundamental de la Constitución Federal, también de 1811.

Así, comenzó el surgimiento de la nación venezolana gracias a las ideas de estos ilustres hombres civiles promovidos ilustremente por Roscio, sin que para el momento tuvieran nada que ver ni Miranda —que se encontraba desde hacia años viviendo en Europa—, ni Bolívar quien se encontraba junto a su hermano Juan Vicente en el interior de la Capitanía General, advertido de los motines que podían presentarse ese día, curiosamente por el mismo Emparan. Esta es la verdadera génesis de la nación venezolana, producto de un acto civil, del cual es difícil convencer a aquellos que enarbolan la ignorancia y el despotismo de la bota militar como bandera.

Oremos en estos día santos porque vuelva una vez más ese espíritu civil a nuestro país, oremos porque la historia como sucedió sea contada, oremos porque nuestra juventud aprenda más de Roscio y su ilustre civismo que de los hombres cuya única virtud fue empuñar la mandarria para lastimar a sus semejantes.

César Pérez Guevara

Asesor | Conferencista | Abogado

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